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Cosas mias, cosas Lef

Archivo: Julio 2008

18/07/2008 GMT 1

JODIDOS AVIONES...

margalef @ 13:35

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Jodidos aviones!!!!!

El teléfono suena y una voz de azafata telefónica le pide que no se retire, tiene una llamada internacional...
Mientras espera escucha una musiquita insulsa, piensa en él, su cara, su expresión, rememora las veces interminables que han discutido últimamente y lo mucho que le quiere…
Al otro lado del hilo... ¿Hola, cómo estás?
Bien… ¿y tú, dónde estas?
Te llamo desde el aeropuerto, voy para allá...
¿A qué hora llegas?
A las diez menos cuarto,¿ me vendrás a buscar?
Ostras, qué palo, no sé si podré dejar a los niños con los abuelos ...
Me haría ilusión que me vinieras a buscar y después, podemos ir a cenar tú y yo solos... hace tantos días que no nos vemos ...
No sé, no te lo puedo asegurar, si los niños se pueden quedar a dormir con los abuelos vendré.
Te vuelvo a llamar...
Cuelga y piensa que quizás por fin podrán reanudar su vida feliz de siempre, sin discusiones, sin malentendidos, sin gritos. Lo prepara todo, los niños, ella, la casa. ... Vuelve a sonar el teléfono. ¿Que haces, vienes?
Si, ahora me estaba vistiendo... (Lástima que tenga la regla piensa, siempre me hace estar más irritable).
¿Por dónde paso para llegar?
Mejor no te metas en Barcelona ve por la autopista.
¿Dónde estarás del aeropuerto?
En la Terminal 1.
De acuerdo, hasta ahora, besos.
Se pone perfume discreto, detrás de las orejas y en la regatera y una blusa con un buen escote. Pero hace un frío que pela, vuelve a desnudarse y se pone un jersey bajo el traje chaqueta de ejecutiva, para ir al aeropuerto y parecer uno de tantos usuarios del puente aéreo.
Se despide de los niños y les recomienda que se porten bien con los abuelos o lo lamentarán, todo el fin de semana sin televisión. ...
Los niños no le hacen ningún caso, negocian con el abuelo la hora de ir a dormir... besos de pinta labios coche y carretera.
El radiocasete, es un desastre, me tendría que comprar uno, piensa, siempre soy la última en todo, me tendría que mimar un poco más.
Recuerda la agradable sensación que experimentaba cuando iba en la universidad cantando cómo una loca, se sentía libre, ahora todo la ata y hace que se sienta mal, inútil.
Decide que estudiará, pero no se le ocurre nada, informática, bellas artes, psicología... finalmente piensa que quizás sólo necesita huir una pizca de la rutina y sentirse una mujer además de madre y esposa.
La circulación se complica, me he metido en Barcelona, ¡mierda!.
Mira que iba bien y la he cagado. No importa tengo tiempo y si hace falta que se espere, por una vez a la vida.
Ya es de noche y el aeropuerto, esta lleno de coches no se puede ni aparcar.
Recorre la primera planta, recorre la segunda... en la tercera encuentra un aparcamiento delante de la puerta de llegadas de la Terminal B.
¡Pero él ha dicho Terminal 1! ¡Mierda, mierda y mierda!
Decide no preguntar a nadie para no parecer una pardilla, debe parecer desenvuelta y habituada a pisar aeropuertos, entra decidida y se planta delante del panel que anuncia las llegadas de los vuelos. Mallorca, Ibiza, Túnez, Lisboa... en ninguno pone Italia.
De qué parte de Italia debe venir, no ha dicho nada, no veo ningún mapa. ¡Ostras, tú!
Pero vaya no puede ser complicado, Roma, Milán...
Ha pasado una hora y la vista le falla de escudriñar caras desconocidas de gente que la ignora y pasa por su lado como si no la viera.
Los pies le duelen y el glamour que quería desprender ya no se le aguanta por ningún lado.
Aprieta el bolso que le costó un riñón contra su pecho, su madre siempre le recuerda la de peligros que tendrá que afrontar al salir de casa, el frío, la carretera, los desconocidos y los ladrones. El aeropuerto está lleno de maleantes.
El traje chaqueta tan replanchado de ejecutiva ya está medio arrugado de tanto restregarlo con el bolso.
Empieza a estar de mala leche, intenta calmarse, es consciente de que las hormonas no le permiten razonar lo suficientemente bien. Devora chicles de menta puñados.
Llamaré, piensa, si no tiene el móvil desconectado sabré si ha llegado o no.
Él: ¿Si?... ¿Hola?
Ella: Crispada… ¿Dónde estás?
Él: En tono normal… Estoy esperando la maleta, ya salgo.
Ella: Inquisitiva …Pero… ¿Dónde estas, en que Terminal?
Él: En la 1
Ella: La 1 no existe, será B o C.
EL : Con paciencia de santo ….Pues debe ser la A.¿ Dónde estas tú?
Ella: En la B.
El: Pues ven a la A, ahora salgo.
Ella: ¿Por dónde pasarás tú?
El . ya sumiso ….¿Por dónde quieres que pase? ¿Por fuera o por dentro? ¿Por dentro?
Ella: En tono imperativo… ¡No! ¡Pasa por fuera!
El: Muy bien, yo voy de la A a la B y tu vienes de la B a la A..
Ella: ¡De acuerdo, pero por fuera!
El : Siiiii, ¡por fuera!

Sale fuera y se dirige hacia la Terminal A, le extraña mucho que nadie llegue allí porque no se ve gente, sigue con pasos decididos.
Va pensando en el hambre que tiene, y en la hora que es, no encontrarán nada decente para cenar y eso que se había imaginado una cena romántica y buena y se tendrá que conformar con un bocadillo roñoso.
Hoy ha comido sólo un huevo duro y una ensalada verde para contrarrestar la cena fantástica que pensaba tomar. Ahora tiene un hambre de camionero.
La Terminal A, está desierta y llena de señoras de la limpieza que sacan brillo al suelo.
Seguro que se ha confundido y desde dentro, no ve que va hacia la Terminal A por dónde sale todo el mundo, estos hombres, no se orientan, piensa. Quizás no era la Terminal 1 quizás era la puerta 1.
Rehace el camino de vuelta a la Terminal B y la mala leche, ahora ya se hace más considerable.
Si alguien se fija en mí pensará que soy tonta, y en realidad lo soy. Podía haber vuelto en taxi y yo esperarlo con una buena cena en casa, pero al señor le hacía ilusión y mira tú, todos jodidos.
Vuelve a estar en la Terminal B fijándose en la cara de todos los pasajeros que salen, escucha el idioma que hablan para descubrir si vienen de Italia.

Después de un rato sin ver salir a nadie, aparece una multitud chillona y cargada de ensaimadas, el vuelo de Mallorca.
Pierde la paciencia y se sienta en un banco, si no la ve, que la busque, ¡carai!
Había imaginado una escena de amor, una sonrisa, un abrazo y un largo beso (con tanto chicle, tiene un aliento a menta que no se aguanta). A su alrededor las familias, parejas y gente en general se abrazan, se besan y sonríen. Ella, allí sentada con su mala leche y su rencor hacia toda la raza humana.
Quiere cambiar de humor, si se lo propone todavía puede ser el cuento de hadas que había imaginado. No se lo propone, se enfada, se impacienta y finalmente vuelve a llamar esta vez desde el teléfono de minusválidos el único que está libre. En una postura del todo ridícula, con mal de riñones y el bolso colgándole incómodamente de la muñeca, marca el número.
Cuando oye la voz de su amor sólo le sale un: ¿Tú que? (con voz desagradable)
Y el ya un poco alterado, responde: ¿Y tú? ¿Que? ¿Dónde estás?
Ella: Yo en la Terminal B. ¿Y tú?
Él: ¿No hemos quedado en la A? ¿Qué haces en la B?
Ella: En la A, sólo hay señoras de la limpieza con la fregona, ya he ido.
Ell: No habrás llegado al final.
Ella: Aquello no tiene final, es muy largo.
Ell: Ya vengo hacia la B por fuera, ven tú hacia la A.
Ella: ¡Ya estoy un poco cansada! (cuelga).

Al salir fuera, de lejos lo ve empujando un carro con las maletas y moviendo la mano. (Todavía parece bastante animado después de tanta bronca)
Ella hace un gesto desganado para corresponder y siente que a pesar de la mala leche que la invade le echaba de menos y le quiere con exageración.
Se van acercando y reconoce su cara, su pantalón y la chaqueta, está rabiosa sin embargo.
Se encuentran, se dan un beso y discuten, se aman y discuten, caminan ahora en la misma dirección, pero siguen discutiendo.
Ella tiene el deseo de abrazarlo, de besarlo y de preguntar cómo ha ido el trabajo, pero sólo le salen reproches por la boca.
Ella: Esta es la última vez que te vengo a buscar al aeropuerto. (Aunque piensa que le ha gustado y le ha hecho ilusión que él se lo pidiera, pero es muy suya.
Él: Esta, es la última vez que te lo pido.
Ella: Muy bien.
Él: Si muy bien.
Tampoco se ponen de acuerdo a la hora de pagar el parking, la tarjeta no entra y no tienen dinero en monedas.
Él: ¿Donde has dejado el coche?
Ella: Ya no lo sé, hace tanto rato que espero…

Ella: Conduce tú, no soportaría conducir ni un minuto más. (En realidad prefiere que conduzca él, porque se mueve mejor por la ciudad, aunque si el pobre está cansado... ¡que se joda!).
Él: ¿Dónde vamos a cenar?
Ella: No lo sé, a la hora que es, nos tendremos que conformar con un bocadillo y me niego a comer bocadillos.

¡Siguen así hasta un restaurante, los camareros hacen cara de querer terminar, claro son las 12!
Recuerda de repente que se levanta a las 7 de la mañana. Comiendo, y bebiendo parece que la discusión se enfría, pero... no sabe porque, de nuevo discute y discute. Una voz en su interior le repite que afloje. La misma voz que lucha por hacerse escuchar y dice: Quiero envejecer en tu lado y darte la mano para no caerme cuando seamos viejos y la artrosis nos juegue jugarretas o cuando nos falle la vista. Quiere decir: Te admiro, te encuentro una persona buena incapaz de hacerme nada malo, quiere decir tantas cosas…
En casa, en la cama se desean buenas noches en voz baja, se dan la espalda y los dos se quedan con ganas de abrazarse y hacer las paces.
Pero es superior a ellos, se aman, discuten, son felices juntos, discuten, se echan de menos cuando no están juntos y discuten por teléfono. Se aman y mañana será otro día.
Jodidos aviones y terminales!

08/07/2008 GMT 1

Y EL MÉDICO DIJO...

margalef @ 12:03

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Y el médico dijo...

Y el médico dijo :Tiene usted una depresión de caballo. ...

En aquel momento en la pantalla de plasma de mi imaginación apareció un caballo, no un caballo cualquiera, uno de pura sangre, después y casi al instante una jeringuilla de las de drogarse, drogadictos, barrios marginales etc…
Y finalmente como si se hubiera colado en el mi cerebro, la infanta Elena sin su marido Marichalar dando saltos por encima de unas vallas a caballo. ...

De caballo, depresión de caballo. ...
¿Los caballos tienen tendencia a deprimirse?
¿Los que se pinchan caballo se deprimen?
¿La infanta Elena está deprimida?

Depresión, pensé entre mí...

Depresión es también un terreno que hace bajada, hace bajada yendo a caballo y a pie también.
Estás al final de la bajada o bajando sin poder parar.

Otra cosa que te viene a la mente de sopetón es dinero.... y la frase “eso no entra por el seguro”, seguro. O... habrá una lista de tres pares de cojones. Que quiere decir que al menos tengo tres hombres delante en la lista.

De hecho, hace tiempo que lo se, no es normal llorar incluso con los anuncios de detergente que prometen y no cumplen nada de lo que dicen, sobre todo que las manchas desaparecen sin frotar y a la primera.

El síntoma más claro se produjo cuando una dependienta de la fruta, mientras me pesaba las verduras que había comprado me explicaba con pelos y señales el entierro de su madre. Culpa mía, me interesé por la salud de la señora y resultó que ya no tenía.

El tema era emotivo por excelencia pero en aquel caso mi reacción sobrepasó con creces el hecho.

Resulta que a a la santa señora la enterraron vestida de faralaes maquillada y con peineta, pendientes y flores en la cabeza.
Un coro rociero amenizaba el acto. Entretanto, yo allí monedero en mano me daba cuenta del panorama.

Las lágrimas me caían por la cara sin poder evitarlo mientras mentalmente imaginaba los zapatos de tacón de la difunta de color rojo con topos blancos emergiendo del final del ataúd y con las puntas mirando al techo.

Aun pensando que en caso de ir acompañada habría tenido que aguantarme la risa.... no pude dejar de llorar.

La verdulera seguía añadiendo detalles escabrosos a su relato: (...) al final con el maquillaje quedó muy bien, dijo.

Pagué, me soné la nariz y salí a la calle convencida que necesitaba hablar con alguien profesional.

Una psicóloga… también podía haber sido un psiquiatra Argentino pero la combinación psiquiatra, Argentino y diván siempre ha provocado en mí mucho morbo y la verdad no podía permitirme estar más pendiente del morbo que de mi terapia…
Y un día pasó... La psicóloga dijo: hábleme de su padre.

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