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Cosas mias, cosas Lef

Archivo: Diciembre 2008

27/12/2008 GMT 1

DIARIO DE UNA PATITA ROTA

margalef @ 19:32

picture0004.jpgDiario de una "patita" rota.

Día 12 de diciembre de 2008

Me levanto como cada día a las siete de la mañana; Julià ya ha pasado por la ducha y ahora se prepara para marcharse. Me dirijo al cuarto de baño, hago uno pipí, tiro de la cadena y cuando me dispongo a ir a la cocina para prepararme el café con leche reglamentario, una fuerza sobrenatural me empuja y me caigo al suelo. La fuerza sobrenatural no es otra cosa que agua, una gota de agua, dos ... o quizás más.
La zapatilla hace de esquí y la pierna vuela, soy consciente, sólo de eso, del resto de mi cuerpo no. Por delante de mis ojos no pasa la película de mi vida, parece que eso sucede sólo en caso de peligro de muerte y éste no es el caso.

Siguiente escena: Yo, tirada en el suelo, un jarrón antiguo que cae sobre mío para acabar de completar la imagen patética y, yo todavía intentando que no llegue a tocar el suelo. Como ya he dicho, la pieza es antigua sin embargo ... se cae y se rompe.

Una pierna no me responde, la miro, la toco pero no la siento. Estoy acostumbrada a caerme y nunca me he roto nada, pero ahora parece diferente. Me asusto, todo me duele e incluso lloro... no sé si por el dolor o por lo ridículo de la situación.

Llamo a Julià que al verme se asusta y quiere ayudarme a levantar, pero no puedo. Le digo que avise a Pau y oigo que le dice: - Pau, corre que mamá se ha caído al suelo y no se puede levantar!!! Pau viene corriendo, todo hay que decirlo, aparece en un instante en la puerta del WC y también intenta levantarme; le digo que no, que no me toque, y él, con su pragmatismo habitual, me responde: -En un momento u otro te tendrás que levantar para ir a urgencias, no?
Eso me suena a amenaza como cuando le dices a un niño pequeño que se esconde bajo la cama: - cuando tengas hambre ya saldrás, es cuestión de tiempo.

Adrià, que todavía estaba en la cama, pregunta qué pasa. Le ponen al corriente y completa el trío de hombres que me observan tirada en el suelo del WC en pijama (lo digo por si algún morboso ha imaginado otra imagen) y que también intenta levantarme, pero mis gemidos y los otros dos hombres que me contemplan lo disuaden de hacerlo. También dice que un momento u otro me tendré que levantar. ¡Vaya novedad!

Al cabo de más o menos cinco minutos empiezo a intentar mover la pierna y ya me la noto hasta la rodilla. ¡Vaya, no está todo perdido! Finalmente me puedo sentar y por el bajo del pantalón veo que sobresale una bulto grandioso y, al mismo tiempo, el pie se ha puesto rojo. Malas cartas.

Mis tres hombres, viendo la magnitud de la tragedia, se miran entre ellos (yo creo que principalmente están asustados por el trabajo que les viene encima).

Me ducho, sola, muy digna yo..., me seco, sola, muy digna jo...,me visto, sola, ya no sé qué hacer con tanta dignidad, sin embargo ... ¡no puedo subir las escaleras! así que buscamos las muletas que ya tenemos de otros accidentes familiares y nos marchamos hacia Granollers sin hacer ruido para no despertar a los abuelos que viven arriba y se alarmarían.
¡Y pensar que hoy teníamos que ir a una casa rural a pasar un fin de semana Margalef! A estas alturas no parece que podamos hacerlo.

En el hospital, "la enterada" de turno me dice: -eso es accidente laboral. ¿Accidente laboral? ¡Pero si iba en pijama y al WC de casa!
-Sí, accidente laboral, asegura ella con cara de "quemevasacontarami”

Me duele el pie o sea que sí, accidente laboral lo que usted diga.

Y yo, de pie en el pasillo. ¿A nadie se le ocurre que estoy herida? Claro, como no sangro ...

¿Es alérgica a algún medicamento? ¿La han operado? ¿Tiene alguna enfermedad?
Espére allí.

En la sala de espera unas abuelas "enteradas" se interesan por mi estado y pronostican que no tengo nada roto si no tengo el pie negro, se ve que es una señal inequívoca de rotura tener el pie negro; en el caso de los africanos debe ser cuando lo tienen blanco, digo yo.

Después de una hora de esquivar la conversación que me pretende tener conmigo una abuela chismosa y procurar que mi marido no se lie a golpes de muleta con la abuela de turno, finalmente, me llaman.

Entro en plan atlético con las muletas y por poco me como una camilla. La enfermera me dice que quizás me romperé más cosas porque voy como una moto.

El médico, un tipo barbudo, agradable y cachondo que parece Papa Noel mira el pie y dice: - mucho me tendría que equivocar, pero esto esta roto. Yo, que soy así de chula ahora que ya me siento en buenas manos digo: -quiere decir? Más que nada para decir alguna cosa porque, de hecho, también me temo que la cosa ha ido mucho más allá de las otras veces que tengo por costumbre caerme. Acto seguido, un negrazo impresionante, guapo, musculoso y educado me lleva en silla de ruedas a rayos donde un joven enteradillo me pregunta si no he abierto la luz para entrar en el WC; jeje, muy gracioso, le contesto en plan ¿tú eres tonto o eres tonto? Seguro que es por eso que me obliga a hacer posturas imposibles en la camilla de radiografías con el pie de cara y de perfil como en las comisarías.

Espero en el pasillo que vuelva el negrazo mientras la gente pasa y ni se preocupa de mi pie, soy yo la que lo va apartando para no recibir ningún golpe.

Box 5. Nadie ha dicho aquello de: - Mujer tantos años, caída en el WC, posible rotura de peroné. Lo echo de menos, en Hospital Central estas cosas las cuidan mucho. De repente, oigo al médico que dice: la del box 5, si la radiografía dice que está roto, que es lo que pienso, (va sobrado el tio), la pasáis al box 6 para enyesar.

¡Pues va a ser que si, el peroné roto! Me remonto a mis estudios de anatomía humana, pero tengo un vacío en la cabeza y no encuentro el peroné por ningún sitio, le digo al médico en plan mujer fatal: - recuérdeme dónde tenemos el peroné. Él me responde :- tibia y peroné, es el hueso delgado de la pierna. Ha tenido suerte, es una fractura limpia, no hay que operar. Ahhhhhhhhh, digo yo.

El médico llama a la enfermera, que está cabreada porque le toca un mal turno de Navidad y lo va repitiendo en voz alta intercalando amenazas, se pone una especie de sábana al rededor de la cintura y pide que la sujeten con esparadrapo, de manera que parece, como dice él, un camarero. Otra enfermera dice a la que está cabreada que se emborrache por la noche, como solución a sus problemas y en medio de este panorama yo, sentada en el borde de la litera con las piernas colgando, con la falda que el médico ha remangado sin miramientos mientras se sentaba entre mis piernas en un taburete bajo. Imagen de “peliporno" barata.

El buen hombre, agachado para ponerme el yeso, me pide que levante el dedo gordo del pie tanto como pueda... como si me quisiera tocar la nariz. Yo que soy obediente, para ahorrarle el lumbago, lo levanto y lo mantengo cada vez más levantado hasta que me dice "el dedo tiene que tocar su nariz, no la mia".

Me marcho del hospital, papeles, silla de ruedas, adiós al negrazo y para casa.

Llamamos a mi madre, aiiiiiiiiiiiiiiiiiii señorrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!!!
Llamamos a mi hermana, ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!
Llamamos a mi hijo.... no contesta.

Pido desayunar a gritos y mientras mi madre me hace un pan con tomate, Pau va a hacer las gestiones pertinentes a mi trabajo.

El de personal dice que no es accidente de trabajo, que eso tendría que haber pasado en la calle. De hecho, a mí tanto me da que diga una cosa o la otra, el caso es que me espera un mes y medio de estar en casa, pidiendo cosas y armándome de paciencia. Los compañeros de trabajo, muy bromistas,imaginaban la caída en la ducha y por lo tanto a mi desnuda. Conociéndoles, la cosa habrá degenerado en cualquier cosa, seguro.

Ya en casa, me agencio una silla vieja del ordenador sin el respaldo y con la muleta me ayudo para desplazarme, rollo gondolero, pero sin sombrero.

Tarde de sofá y llamadas de pésame y cachondeos. Visita de Marta, volverá más rato dice... se agradece. Noche rara con el yeso y a pesar de todo ...
Mañana ya es el sábado.

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