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Cosas mias, cosas Lef

31/12/2007 GMT 1

Aun no

margalef @ 10:51

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Aun no.
Este año aun no he aprendido a ser feliz, aun me dejo llevar por el dinero, los tipos de interés, los transportes, el aspecto exterior por encima del interior y tantas cosas.
Aun no he aprendido a vivir al día, que el mañana o el después pueden no llegar o no ser como quisiéramos.
Aun no he aprendido que la dicha de compartir momentos con la gente que quiero, supera cualquier otra dicha.
No he aprendido que la vida es lo que nos va pasando mientras hacemos otros planes.
Tal vez se trata de dejar-se llevar por las felicidades momentáneas, no de abandonarse, solo dejarse llevar.

Improvisar, un viaje, una cena, un momento.
Dejarse llevar por la vida.
….pero estoy en ello.

Promocion Navidad

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30/12/2007 GMT 1

La Navidad, siempre

margalef @ 21:51

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La Navidad…siempre
Venga niña, levántate que ya son las 12. Tus tías están a punto de llegar y todavía tenemos que poner la mesa. Así me he despertado muchas veces en Navidad cuando vivía en casa de mis padres. La noche anterior había salido y mis ojos no se abrían hasta bien entrado el día 26 San Esteve. Pero el milagro lo obraba una ducha, que conseguía hacerme parecer una persona con sus facultades mentales en acción.
Después venia la eterna batalla del “¿niña hoy que te vas a poner?” ¡Ay señor! Aquella edad mía y aquel día tan señalado. No acertar con el vestuario era jugarse la vida. No recuerdo quien hacía más concesiones si mi madre o yo, o las dos. Pero finalmente el resultado nunca era el deseado por ninguna de las dos. Y luego mi padre...
Venga ya podrías haberte levantado antes, tenéis a tu madre en la cocina desde las ocho y es que no se os ve ningún detalle, es que no colaboráis... bla, bla, bla.
Mis dos hermanos –hermano y hermana – eran más pequeños, pero siempre pringábamos más las niñas que el niño (privilegios ancestrales del macho).
¿Y las abuelas? La madre de mi padre y la madre de mi madre, cada una barriendo para su casa y lógicamente defendiendo a su hijo/a y encontrándole todas sus virtudes y gracias. La una era catalanista hasta la medula, era de la “ceba”, del Barça, i además, presumida i preocupada por su imagen.
¿Me queda bien esto? ¡Míramelo bien! ¿No me sale la combinación por debajo de la falda? Es que después iré a la residencia, no, a bailar, no, a mirar como bailan y a hablar con las amigas, porque a mi edad no me conviene cuidar a ningún abuelo...
Después estaba la otra abuela, una mujer pequeñita de cabellos blancos que siempre iba vestida de negro.
De joven se quedo viuda con un hijo de meses y tubo que espabilarse como pudo y hasta le dio estudios.
Cuando nos lo explicaba nos dejaba bastante indiferentes, pero después de mayor, cuando la vida te va haciendo putadas valoras mucho más a todo el mundo.
Esta abuela era aficionada a cambiar el nombre y los acentos a las cosas, en casa conservamos aun el particular vocabulario de la abuela como por ejemplo: astronata (astronauta) pechicola (pepsicola), óctavo (octavo piso de un edificio) mèndigo (refiriéndose a las personas que se ven obligadas a mendigar), y muchas más.
Ferviente admiradora de las aspirinas y los caramelos que lo curaban todo, era de las que decía que suerte que no me quejo, porque estoy más enferma que nadie.
Después estaban las tías de Centellas, Ramona y Agneta.
Solteronas de toda la vida, vivían juntas, i sabían la vida i milagros de todo el pueblo incluyendo nacimientos y defunciones.
La una extremada de carácter i de vestuario, la otra discreta y buena persona hasta el delirio.
A veces todavia las parodiamos mi hermana y yo. De pequeñas les robábamos las galletas del armario donde las escondían (las galletas de chocolate envueltas en papel de colores) hasta que nos descubrieron y desde entonces a ese tipo de galletas las llamamos “del robo”
Y es que mis tías hubieran podido ser como la Tieta de Serrat, las Teresines de la Cubana o las solteronas Dafne y Estela de Tricicle.
Todo el mundo tiene tías así, pero las nuestras eran las autenticas, las genuinas.
De Navidades, como en todas las casas, hemos pasado de todo tipo, de mejores, de peores, más tristes y más alegres.
El menú varia con los años, pero últimamente conservamos una especialidad de la casa que llamamos “palillos” (una especie de pinchos hechos con palillos) !deliciosos!
Es una receta que pasa de generación en generación.
Pero no nos podemos olvidar del vino, ilustrísimo Bach (como decía la abuela en lugar de Extrissim Bach), el cava y el “control” (también expresión de la abuela para decir Cointreau).
Y después de una buena comida una larga conversación, no muy distinta a la de cualquier domingo.
El tiempo ha pasado y las abuelas ya no están, ni las tías ni mucha otra gente que sin sentarse a nuestra mesa de Navidad, siempre ha estado en mi corazón, ahora y siempre. La Navidad sin ellos no sería nada, serian días vacios, una excusa para ir de compras, felicitar compulsivamente, comer y regalar para engañar. Pero tengo la suerte de tener una familia formidable, de la que me siento orgullosa, unos amigos de verdad, pocos pero buenos, y mucha gente a la que quiero.
Mi navidad es plena y no necesito fingir y deseo disfrutar de todos ellos mucho tiempo, porque aparte de esto…
¿Que es la vida un frenesí? La vida es lo que tenemos y basta. No seamos hipócritas, felicitémonos de corazón, pero todo el año, no solo estos días que es más fácil. Lo que de verdad cuesta es mantener la euforia navideña todo el año.

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