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Cosas mias, cosas Lef

14/01/2009 GMT 1

DIARIO DE UNA PATITA ROTA 7

margalef @ 18:33

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Jueves 18 y viernes 19 de diciembre de 2008.

Hoy me sacan bieeeeeeeeeeeeeennnnnnnnn!!!!!

Me ducho sola y sin que me vigilen, desayuno sola, y Pau me lleva a la peluquería, a una cualquiera, sin escaleras.

Entro y doy pena con las muletas, yo me doy pena, no hay manera de controlarlas, pero la silla de ruedas me parece excesiva.

Se me caen las muletas, pido que me guarden el bolso (no se les ocurre a ellas).

Espero un rato en un sofá que parece de muñecas, entre coja, abrigada, corpulenta y apretujada en el sofá de muñecas debo parecer caída del piso de arriba.
Ya puede pasar, me dice una de las chicas con peinado de corte irregular y puntas rojas, como formando parte del catálogo de posibles cosas a hacer en tu cabeza que ofrece el establecimiento.

Quiero cortarme el pelo considerablemente y hacerme color. Pero no quiero un color uniforme, quiero unos reflejos más claros (observad que digo más claros, no blancos).

Me traen la carta de colores, como siempre, ya me conozco, los ojos se me van a los colores: azul, rojo, naranja y los señalo tímidamente, pero la peluquera debe verme demasiado señora para llevar un peinado moderno... me sugiere un color rojizo rollo señora de 50 años....(que yo todavía no tengo, coño).

Le doy la razón sin mucho convencimiento. Empieza el ritual de ponerme la bata, la toalla etc ... Pido revistas, parte importante del ritual de ir a la peluquería, las Hola y las Lecturas, las Preislers, las petardas desocupadas, los galanes envejecidos, las operadas y estiradas con más o menos gracia. Las declaraciones tipo: Fulanita de tal nos enseña su mansión en Villalosbajos de arriba.

La chica trae los utensilios y se pone a trabajar, papel de aluminio, peste a tinte, santa paciencia.... me parece que no vamos bien.

Ha pasado una hora, ya me he aprendido todas las revistas de memoria, (ahora ya puede pasar al lava cabezas) me cuesta, pero llego.

Me miro al espejo, mieeeeeeerda ya me ha hecho aquellas mechas que tanto odio, fondo rojo rayas blancas. Nooooooooooo yo quería dos tonos de rojo, parezco un gato de callejón de mala raza.
Bueeeeeeeeeeno respiro hondo y me dejo cortar, ya compraré un bote de tinte y me haré uno apaño, cosa que no quería hacer.

El corte de pelo no es de los mejores que me han hecho, pero al final ya estoy, me escapo de la laca, se ve que señora de más de 40 equivale a laca obligatoria.

Me levanto para pagar, me abalanzo sobre el mostrador y se me cae una muleta, no la recojo, podría ir yo detrás.
Sin exagerar estoy 15 minutos cogida en el mostrador como un loro porque la chica me quiere hacer la ficha. Nombre, dirección y teléfono 5 minutos cada cosa.

Panorama: La peluquería está desierta, hay unos 10 asientos vacíos con sus respectivos espejos en frente. En el sofá de muñecas dos señoras esperan.
Yo una vez he pagado, digo: -Me espero a que me recojan y supongo que me dirán: - si siéntese aquí,señalándome uno de los asientos vacíos más cercano a la puerta.

Pues no, me señalan el sofá de muñecas. A las dos que ya están allí sentadas se les pone cara de pánico al ver la que les viene encima si no se apartan rápidamente. Me hacen sitio en el centro y ahora si ya parecemos un palo de gallinero con tres cluecas a punto de poner un huevo. No hablamos, no nos movemos, no respiramos casi para que el mínimo movimiento de cualquiera de las tres no haga que la de la punta salga disparada.

Las peluqueras, barren, nosotras miramos.
Las peluqueras hablan, nosotras miramos.
Las peluqueras ordenan cosas, nosotras nos lo miramos con mirada asesina.

Llaman a la más delgada de las tres y le dicen que ya puede pasar.
No se nota mucho alivio, pero quedamos un centímetro o dos más anchas.

Se abre la puerta, es mi marido, pregunta si estoy, como si no fuera evidente, y dice que va a buscar el coche. Dirigiéndose a mí dice su frase magistral del día: - No te muevas de aquí. Cuando cierra la puerta cachondeo general.

Me viene a recoger y me marcho a casa. Escaleras, ufffffffffff.

Descanso un rato la patita, me preparo para ir a comer, me vendrán a buscar a mis compañeros de trabajo.

El restaurante es estrecho, no paso ni sin las muletas, pero nadie hace ningún esfuerzo por apartarse, sólo soy una mujer con muletas, si fuera joven y estuviera buena se habría abierto un pasadizo como cuando Moisés abrió las aguas.

Finalmente me siento, como, río, hablo y a casa.

Todos me quieren ayudar y se ponen en medio, y lo que yo necesito es espacio abierto, pobres.

En casa, descanso otra vez tendré que salir, presentación del libro de la Memoria Histórica en el que ha participado Pau y Marta, voy con mis padres, ascensor silla y a escuchar.

Cena con amigos, bien pero la patita ya me duele, quiero marcharme. Ahora no soy libre de marcharme cuando quiero dependo de otros, cosa que odio.

Se repite la cosa, todo el mundo me quiere ayudar y finalmente acabo en el suelo, ponen cara de circunstancias y también ríen. Yo les prohíbo que me toquen, amenazo con la muleta levantada,después de muchos intentos lo consigo, estoy de pie y agotada.

El Pau me deja en un banco de la plaza mientras va a buscar el coche, vuelve a decir: - No te muevas ... je je.

Estoy sola en la plaza del pueblo a las 12 de la noche, cansada, magullada ,vuelvo a sentir pena de mi misma, pero pienso en todos aquéllos que lo sufren para siempre, gente en silla de ruedas que no puede ir donde quiere, gente con bastón, gente mayor ...
No me puedo quejar ni quiero, ponerte en lugar de los demás es primordial para no convertirte en un imbécil egoista.
Estoy contenta, me sacan y me cuidan... debe ser que me quieren. Buenas noches.

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