DIARIO DE UNA PATITA ROTA 25

6 de enero de 2009
Como ya es tradición de cada año, el día de Reyes por la mañana vamos a Barcelona a casa de la madre de Pau a recoger los regalos de Reyes los pequeños y amigos invisibles los mayores.
Fila india en el pasillo por orden de edad y entramos en el comedor donde en cada rincón hay regalos para cada familia. Todos sumamos unos 30 entre mayores y niños. Ahora el mas pequeño es Nil, una cucada de niño.
Se organiza un griterío y un montón de exclamaciones y se intenta disimular y no decir por ejemplo: - ¿Quién me ha regalado eso?
Mis regalos siempre son característicos y Pau siempre intenta atribuirse el mérito, aunque nadie lo cree.
Este año que no he bajado, por la pierna, (para un rato era un revuelo bajar con paquetes y conmigo) me han dicho las cuñadas que Pau le dijo a su madre cuándo abrió el paquete del chal de lana: - Lo he tricotado yo.
¿Tricotar? ¿De dónde habrá sacado la palabra?
Yo paso la mañana haciendo el perro, que es lo que se me da mejor últimamente. Empiezo otro chal de lana, no se aun para quién.
Me ducho y subo al piso de arriba a casa de mis padres, hoy comemos allí.
Los pequeños están ya de los nervios, hasta que no venga Pau no podemos abrir nada, los entretenemos con otros juguetes nuevos que han traído de casa.
Por fin, el momento los pequeños obren sus regalos los primeros. A Marc una bicicleta en el balcón, le hace poner una cara que no se puede describir. La magia es eso.
Los adultos todo lo que habíamos pedido, corbatas, libros, entradas de teatro. A mí la serie completa de Mujeres desesperadas, Julià, ve la cara que pongo y me dice: - ¿Supongo que no serás tan desagradecida de querer cambiar el regalo de tu querido hijo?
Yo, le digo que si no se lo toma mal si, lo quiero cambiar.
Desagradecida me dice en broma. Ya no lo cambiaré. No, haz lo que quieras y se va al comedor.
Comemos todos en una mesa muy bien adornada, mi madre y mi padre se lo curran mucho.
Charlamos, jugamos y montamos juguetes.
Bajamos a casa y Júlia nos da un paquete, de los tres dice, Julià sin disimular le pregunta: - ¿Qué me toca pagar a mí?
El regalo es una noche en un hotel que tendremos que escoger. Oleeeeeeeeeee!!!!.
Más tarde llega Adrià y le demos las gracias por el regalo, no tiene ni idea (ya le cobrará Júlia su parte).
Me conecto a Internet y hago una lista de pelis que querría tener, para cambiar por las Mujeres desesperadas.
Cenamos un poco de forma accidentada, pero todo vuelve a su sitio en poco rato.
Pelis en el canal 9 y a dormir.
Mañana Adrià empieza un nuevo trabajo de cocinero, hará menos horas y espero que tenga mejor humor.

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